viernes, 4 de mayo de 2012

La plaza fue de la izquierda


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El 1 º de mayo las columnas del Frente de Izquierda volvieron a ganar la Plaza de Mayo para conmemorar el Día de los Trabajadores. El combativo acto reivindicó en primer lugar a los trabajadores que en distintos países han comenzado a librar una dura lucha de clases contra los planes de ajuste de los gobiernos capitalistas, en un contexto de crisis mundial, la más aguda desde los ‘30. En varias ciudades del país, el Frente reunió, además, importantes convocatorias.
El acto en la Plaza de Mayo tuvo como oradores a los principales referentes del sindicalismo clasista y combativo y fue el único acto masivo, obrero e internacionalista, independiente del gobierno y de todas las fuerzas patronales. Por eso se impuso en el escenario político, de lo que tuvieron que dar cuenta los medios nacionales.
La CGT de Hugo Moyano hizo mutis por el foro y no salió el 1º a la calle. Las CTAs realizaron actos minoritarios. La CTA de Pablo Michelli fue al Obelisco con el MST, el PCR y Proyecto Sur, y congregaron apenas algo más de mil personas. El oficialista Yasky, junto al sabbatellismo, estuvo en la Federación de Box, con una concurrencia similar. Allí los acompañó nada menos que el ex UPAU, y amigo de la ex-Ciconne, el vicepresidente Amado Boudou. Ratificaron, por si hiciera falta, su condición de alcahuetes afirmando que “quieren sostener” al movimiento que “tiene como conductora” a Cristina Fernández.
Golpeado por la pelea al interior de la CGT, y con el kirchnerismo peleando para ubicar como secretario general a un dirigente todavía más servil a sus fines, Hugo Moyano retrocedió de su idea inicial de competir con el gobierno en las calles. El 26 de abril hizo un acto sólo para camioneros en Parque Roca. El caballito de batalla volvió a ser la eliminación del impuesto a las ganancias. Pero por más justo que sea acabar con este “impuesto al trabajo”, la medida, de realizarse, sólo beneficiaría a un sector minoritario de los  trabajadores en blanco. Queda claro, además, que las preocupaciones de Moyano se circunscriben a la “interna” peronista buscando aglutinar a los heridos que va dejando por derecha el gobierno. Por eso, para sostenerse en la CGT, el líder camionero busca acuerdos con sectores burocráticos de las regionales del interior y de la provincia de Buenos Aires, alineados con los gobernadores y los intendentes. El moyanismo está muy lejos de expresar las necesidades de millones que siguen trabajando en negro o precarizados, sin derechos ni conquistas laborales.    Cristinismo y pejotismo
El 27 de abril Cristina Kirchner realizó su acto en Vélez. Envalentonada, tras  recuperar la agenda política con la expropiación del 51% de las acciones de Repsol, la presidenta trató en su discurso de reflotar “mística” hablando de la “soberanía” petrolera y un “Estado garante del empleo”, puntos sensibles para el pueblo trabajador. Pero en el mismo discurso se devela la farsa kirchnerista. Cuando Cristina Kirchner habla de los “caminos sinuosos” que a veces toma “la historia” en realidad pretende justificar que cuando fue la privatización de YPF, el mismo Néstor Kirchner fue uno de sus impulsores, cuando era el gobernador pro menemista en Santa Cruz. El llamado “modelo” K no tiene un ápice de “independencia nacional”, no sólo porque la mayoría de las privatizaciones siguen en pie (incluidas las empresas petroleras) sino que el motivo por el que se expropia Repsol, es la renegociación de la explotación de los hidrocarburos con el capital extranjero y los monopolios imperialistas, a fin de garantizarles una nueva expoliación, esta vez aliados al Estado. El acto en Vélez resume los objetivos del kirchnerismo: mostrar “tropa propia” e independencia del PJ. La presidenta le habló a “La Cámpora” y a los movimientos sociales como el “Evita”, distribuidos en las tribunas, para levantar bandera contra los “adversarios” que CFK no nombra, pero que son su blanco principal: los barones del Conurbano, el aparato tradicional del peronismo y la burocracia sindical, que tuvieron una concurrencia muy escasa, en un acto “K” de pura cepa. El gobernador bonaerense,  Daniel Scioli, se hizo presente, pero otra vez fue “ninguneado” por el kirchnerismo. Los jóvenes de “La Cámpora” fueron presentados posteriormente por el kirchnerismo como un modelo de militancia y “transvasamiento generacional”. Aunque la agrupación de Máximo Kirchner ha logrado arrastrar a un sector de jóvenes, fundamentalmente universitarios y profesionales, muchos se acercaron al kirchnerismo para ocupar velozmente puestos de “gestión” en el Estado capitalista. “La Cámpora” no representa a una juventud con un trabajo “orgánico”, como fue, por ejemplo, la Franja Morada para el alfonsinismo, que llegó a controlar gran parte de los centros de estudiantes y Federaciones Universitarias de las grandes ciudades del país. Cristina Kirchner ahora postula para futuros puestos electorales a miembros de su propia tropa (su hijo Máximo suena para Santa Cruz y Gabriel Mariotto en provincia de Buenos Aires). Incluso se coquetea con reformar la Constitución para habilitar la reelección de Cristina Fernández. El kirchnerismo apunta a colonizar al pejotismo para subordinarlo y establecer un nuevo pacto, más dócil a su camarilla, con los intendentes, los gobernadores y una burocracia sindical todavía más podrida que la de Moyano, la de los “gordos” menemistas. Pero, pese a su fortaleza actual, esta política llevará a nuevos escenarios de crisis políticas. Además de Hugo Moyano, quienes aparecen como cabezas de la oposición peronista al kirchnerismo son el bonaerense Daniel Scioli y el cordobés José De la Sota. En ambas provincias, debido al escuálido envío de fondos del Tesoro Nacional, se habla de relanzar las “cuasimonedas” al estilo Lecop o Patacón como en 2001.
Nuestros desafíos
En su columna en Página/12, el editorialista Mario Wainfeld da cuenta de la crisis estructural de la burocracia sindical peronista y de los peligros que esto engendra para el gobierno: “El crecimiento de representaciones basistas muestra un talón de Aquiles del modelo sindical. Dentro del actual esquema, es bastante lógico suponer que una conducción combativa de la CGT, en dialéctica negociadora con el Gobierno, sirve de contención más que de acicate a la conflictividad. Es otro de los puntos complejos de una puja cuya resolución sin rupturas ni escándalos es un objetivo complicado aunque por demás deseable”. El periodista parece aconsejar a la presidenta de que es preferible no dejar malherido al “combativo” Moyano, y alerta, a su manera, del crecimiento del sindicalismo clasista, donde influencia la izquierda, y aparece, cada vez más como una representación genuina de la lucha obrera. La fuerza que mostraron los actos del FIT en Plaza de Mayo y en todo el país reside justamente en haber reunido a miles de luchadores que están peleando contra esa casta corrupta de burócratas sindicales que se convirtieron en millonarios entregando las conquistas obreras. El 10 de mayo se libra una nueva batalla, esta vez en un gremio clave, la Alimentación. Ahí la lista Bordó encabezada por “Poke” Hermosilla y Catalina Balaguer de Kraft y PepsiCo enfrentan a la burocracia de Daer, hoy aliado a los “gordos” y al cristinismo. Pero también la fuerza de esa tribuna, el 1º de mayo, estuvo en haber levantado un programa que, contra el gobierno y la oposición patronal, planteó la expropiación sin pago y bajo gestión obrera del 100% de la industria del petróleo y el gas, la nacionalización de la banca y el monopolio estatal del comercio exterior, un programa de ataque al conjunto de los capitalistas. Para imponer estas medidas es necesaria la movilización revolucionaria de la clase obrera y la conquista de su independencia política, la construcción de un gran partido revolucionario. El Frente de Izquierda y las posiciones ganadas en el movimiento obrero y la juventud tienen que estar al servicio de este desafío.

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